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04 julio, 2007

LA SÉPTIMA PROFECÍA MAYA

Un Legado de Símbolos, Conceptos y Profecías
Su validez en los albores del Siglo XXI: “El Tiempo del No Tiempo”


“LAS PROFECÍAS MAYAS”, Serie Televisiva de Siete Episodios; Año 1999
GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún - fmalkun@mac.com

Página Web: www.fernandomalkun.com

Esta Profecía nos habla de esperanza y del amanecer de la Galaxia, nos aclara que sólo a través de nuestro esfuerzo, podemos encontrar la paz interior, para ser elegidos depositarios de un nuevo sentido, que nos reintegrará como un solo organismo gigantesco, en un Universo de paz y de armonía.

La humanidad vive una época de cambio esperada por todas las culturas indígenas de la Tierra, que la ven como algo precioso, comprensible y como parte del proceso evolutivo del Universo. A diferencia, para la civilización occidental, esta época de cambios ha sido motivo de sorpresa y miedo, pues los libros y las fuentes originales que preparaban al hombre, y explicaban el proceso, se han perdido. En el año 325 d.C., el Emperador Constantino reunió al Concilio de Nicea, para acordar cuáles textos sagrados de la Biblia, serían válidos, dentro de una nueva religión cristiana a ser aceptada por el Estado. Así, eliminaron 25 textos bíblicos y más de 20 documentos de soporte, entre ellos, el Libro de Enoc. Los aprobados fueron reinterpretados y condensados, convirtiéndose en lo que hoy conocemos como “La Sagrada Biblia”.

Esto nos dejó una herencia incompleta de la sabiduría contenida en los textos originales, eliminando información sobre ¿quiénes somos?; ¿de dónde venimos?; ¿por qué estamos aquí?; ¿qué esperamos que suceda?. Desapareció así, toda referencia sobre la evolución de la conciencia a través de la reencarnación. De esa manera, la vida eterna se redujo a una sola vida, que determina un resultado de Infierno o Cielo, para el resto de la eternidad. Al ver el Universo desde la óptica de una sola vida, aparece el concepto de un Dios injusto, arbitrario y emocional, que predetermina el nacimiento de las personas, unas veces como ricas, pobres, enfermas o sanas, sólo por “azar”. Toda esta concepción tuvo sentido, mientras el aprendizaje y la evolución espiritual se realizaban a través de la oscuridad del sufrimiento, del martirio, del sadismo inquisidor.

La Séptima Profecía Maya nos habla del momento en que el Sistema Solar, en su giro cíclico, sale de la “Noche” para ingresar en el “Amanecer de la Galaxia”. Nos dice que, a partir del año 1999, y por los próximos 13 años, vale decir, desde el año 1999 y hasta el año 2012, la luz emitida desde el Centro de la Galaxia, sincronizará a todos los seres vivos, permitiéndoles acceder voluntariamente, a una transformación interna, que producirá nuevas realidades. Sin duda, un momento crucial en el camino del ascenso de la conciencia de la humanidad, pues cruzará la puerta, a un Universo de paz y de armonía. Así, todos los seres humanos tienen la oportunidad de cambiar y romper sus limitaciones, recibiendo un nuevo sentido: la comunicación a través del pensamiento. Los hombres que voluntariamente encuentren su estado de paz interior, elevando su energía vital, llevando su frecuencia de vibración interior del miedo hacia el amor, podrán cantar y expresarse a través del pensamiento, floreciendo un nuevo sentido. La energía adicional del rayo emitido por HUNAB KU, activa el Código Genético de origen divino, en los hombres que estén en una frecuencia de vibración alta. Este sentido ampliará la conciencia de todos los hombres, generando una nueva realidad individual, colectiva y universal. Una de las transformaciones más grandes ocurrirá a nivel planetario, pues todos los hombres conectados entre sí, como un solo “todo”, darán nacimiento a un nuevo ser, en un denominado “Hombre Galáctico”. La reintegración de las conciencias individuales de millones de seres humanos, despertará una nueva conciencia en la que todos comprenderán que son parte del mismo organismo gigantesco.

Entre los hombres, la capacidad de leer el pensamiento, revolucionará totalmente la civilización sobre la faz de la Tierra, ya que desaparecerán todos los intereses, terminará la mentira para siempre, porque nadie podrá ocultar nada. Comenzará una época de transparencia y de luz, que no podrá ser opacada por ninguna violencia o emoción negativa. Desaparecerán las leyes y los controles externos como la Policía y el Ejército, pues cada ser se hará responsable de sus actos y no habrá que implementar ningún derecho o deber por la fuerza. Se conformará un gobierno mundial armónico para la planeación, con base en los seres más sabios y evolucionados del Planeta. Tampoco existirán las fronteras entre los países, menos existirán las nacionalidades, terminando asimismo, los límites impuestos por la propiedad privada, y no se necesitará el dinero como medio de intercambio. Se implementarán tecnologías para manejar la luz y la energía y, con ellas, se transformará la materia, produciendo de manera sencilla, todo lo necesario, poniendo fin a la pobreza para siempre. La excelencia del desarrollo espiritual, será el resultado de hombres en armonía que realizan las actividades con las que más vibran y, al hacerlo, expresan su comprensión sobre el perfecto orden universal. Por la comunicación a través del pensamiento, aparece un supersistema inmunológico que diluye las vibraciones bajas de miedo, producidas por las enfermedades, prolongando así, cada vida de los hombres.

La nueva vida no necesitará más del aprendizaje del “contraste inverso” producido por las enfermedades y el sufrimiento, característicos de los últimos miles de años de la historia. Los hombres que conscientemente encuentren su paz interior, entrarán un una nueva época por “contraste armónico”. La comunicación y la reintegración hará que las experiencias de todos los seres humanos, así como los archivos individuales y los conocimientos adquiridos por toda la humanidad, estén disponibles para todo aquel que los necesite, sin egoísmos ni restricciones individualistas. Esta nueva forma de compartir conocimientos, será como un Internet a nivel mental, que multiplicará exponencialmente la velocidad de los descubrimientos y se crearán sinergias nunca imaginadas. Se acabarán los juicios, así como los valores morales que coincidentemente, cambian según las épocas, como la moda. Se comprenderá que todos los actos en la vida, son una manera de alcanzar una mayor comprensión y armonía. El respeto será el elemento central y fundamental de la cultura, transformando al individuo, a la comunidad, colocando a la humanidad en la posibilidad de expandirse por la Galaxia. Las manifestaciones artísticas, las ocupaciones estéticas, así como las actividades recreativas comunitarias, ocuparán la mente del ser humano. Miles de años basados en la separación entre los seres humanos, adorando a un Dios lejano, que juzga y castiga, se transformarán para siempre.

El hombre vivirá la “Primavera Galáctica”, junto al florecimiento de una nueva realidad basada en la reintegración, en la unidad con Dios, con la vida, con el Planeta Viviente y con todos los seres humanos. En esta época comprenderemos que somos parte integral de un único organismo gigantesco y nos conectaremos con la Tierra, los unos con los otros, con nuestro Sol y con la Galaxia entera. Todos los hombres comprenderán que los reinos mineral, vegetal, animal, así como toda la materia esparcida por todo el Universo, a todas las escalas, desde un átomo hasta una Galaxia, son seres vivos y con una conciencia más evolucionada.

Según los mayas, a partir del sábado 22 de diciembre del año 2012, todas las relaciones estarán basadas en la tolerancia y la flexibilidad, pues el hombre sentirá a los otros hombres, como otra parte de sí mismo. Los mayas expresaban ese concepto de unidad en su saludo diario; “Imna kesh” que significa: “yo soy otro tú”; saludo al que contestaban “Alaken” que significa: “Tú eres otro yo”. En sus calendarios dejaron dicho que, esta época que estamos atravesando, es el final de miles de años de invierno y oscuridad, donde la evolución espiritual se lograba a través del miedo y del sufrimiento. Bajo este mecanismo evolutivo, el hombre evolucionaba porque al saturarse de sufrimiento, encontraba la fuerza necesaria para cambiar; cuando cambiaba, comprendía la inutilidad de su posición anterior, liberándose de una limitación que él mismo se había impuesto. Esta ha sido la fórmula de “contraste inverso” utilizada por el Universo, para lograr que los seres humanos evolucionen, volviéndose cada vez más tolerantes y flexibles, pues sólo así, logran encontrar su paz interior. El hombre nace en un Universo aparentemente caótico; se ha necesitado el desequilibrio para apreciar y reconocer el equilibrio; también, se ha necesitado el sufrimiento para aprender la importancia del amor y de la paz; entonces, el caos aparente es el resultado de la sabiduría divina.

El Espíritu se encarna en la materia, en una sociedad con seres en distintos niveles de evolución; aquí vive una serie de experiencias que lo llevan a comprender la creación. Los hombres nacen inocentes, sin experiencia, vulnerables, destructibles y contaminables; no se sufre porque nada lo ha afectado al hombre. Se vive a través de situaciones que, por inexperiencia o ignorancia, producen sufrimiento; la saturación del sufrimiento hace cambiar al hombre y le da la comprensión acerca de los resultados y las consecuencias de sus actos. Con esta comprensión puede decidir libremente si desea o no repetir una experiencia. Esa es la pureza, la libre decisión de no querer repetir una experiencia. La pureza es fuerte, invulnerable e incontaminable, es decir, la vida es el paso de la fragilidad de la inocencia a la fortaleza de la pureza, producida por las experiencias de comprensión. La ignorancia y la inexperiencia producen guerras, esclavitud, polarización, canibalismo, falta de respeto, de consideración, procesos encontrados u opuestos que enfrentan al hombre con otros hombres, para producir experiencias de comprensión.

A cada ser humano le corresponden experiencias de aprendizaje en cada vida; es lo que llamamos el destino, lo que se tiene que vivir para aprender y comprender. La vida es un proceso que vive el Espíritu para agregarle comprensión sobre la creación; el destino organiza las circunstancias, el lugar y las relaciones para producir experiencias de comprensión. Todo lo que es difícil en la vida, lo que causa sufrimiento y contradicción, es lo que se trae como destino para aprender en cada vida. Cuando el hombre se satura de sufrimiento, acepta cosas que antes, por sus creencias, consideraba inaceptables y no le permitían encontrar la paz interior. La vida es una oportunidad para lograr la transformación interna, y pasar de la rigidez a la flexibilidad, de evitar la cárcel de Espíritu que producen los dogmas. Las experiencias de agresión e incomprensión sólo traen consigo, sufrimiento y eventos cada vez más fuertes y difíciles de aprendizaje.

La Séptima Profecía Maya nos recuerda que sólo nuestra propia transformación interna, puede conducirnos a nuevos sentidos, darnos salud a toda prueba e integración con todo el mundo, en una nueva realidad de paz y armonía. La lucha contra la vida o contra las estructuras sociales, sólo conduce al sufrimiento, a la angustia permanente, a la falta de paz y a bajos niveles de energía, llevando al individuo a la oscuridad interna de la depresión. La aceptación de todos los eventos fáciles o difíciles, alegres o dolorosos, como oportunidades de aprendizaje de las que sólo puede resultar un beneficio personal, traerá la independencia interior y la armonía. Se requiere un trabajo interior voluntario para aceptar y entender la perfección de la creación, un trabajo diario que se refleje en todas las circunstancias de la vida y que conduzca a la paz interior.

La Séptima Profecía dice que la comprensión y aceptación de este proceso de evolución, llevará al aprendizaje y al crecimiento espiritual, a través de la armonía. Millones de hombres encontrarán su paz interior y, al hacerlo, podrán abrir los archivos históricos de todo lo que han vivido, pues, sólo en ese momento, los podrán ver sin juzgarlos, como parte de un proceso de armonización. Aparecerá una nueva Cosmovisión Espiritual; las relaciones se establecerán a partir de los puntos comunes de unión y no de separación. Los hombres serán flexibles y buscarán el objetivo de amor y de paz interior. Estos cambios ocurrirán en todos los niveles físicos, mentales y espirituales, y a todas las escalas, individual, familiar, comunal, planetaria y galáctica. La mayor transformación ocurrirá cuando se comprenda al Universo, como un proceso de evolución eterna de la conciencia de los seres, Espíritus que a su paso por la materia, viven experiencias de comprensión del proceso y de la unidad de todo lo que existe. Esto traerá un respeto por la conducta de los demás, acabando con los juicios al aceptar que cualquier experiencia, sólo conduce inevitablemente, a una mayor armonía.

Sólo cuando cada ser comprenda que él es el único responsable de su vida, terminarán las posiciones de “víctima” en la que los demás tienen la culpa de lo que sucede. Para los mayas, el proceso de evolución no es uniforme ni simultáneo. Hay muchas cosas que diferencian a los hombres. Coexisten seres con distintos niveles de evolución, lo que hace posible las diferencias entre los hombres, permitiendo los contrastes, las experiencias de comprensión. Cada ser humano recorre distintos caminos; unos se demoran más que otros, pero todos llegan al mismo sitio. Todos los hombres son iguales porque su esencia tiene el mismo origen: son emanaciones de Dios, es decir, de HUNAB KU. Pero, a la vez, todos los hombres son distintos, unos van más adelantados que otros, porque se encarnan por primera vez en la materia, en distintos momentos; unos llevan acumulada más experiencia y comprensión que otros. Se asciende de nivel, por la comprensión que resulta de las experiencias de cada vida. Los hombres no son iguales porque viven en diferentes sociedades, con distintas culturas, y porque su herencia genética es distinta, lo que genera diversas creencias, varias maneras de percibir el Universo y múltiples características físicas.

Los mayas creían que el hombre está formado por tres cuerpos en constante vibración, situados en distintas dimensiones: el cuerpo físico, el cuerpo mental y el cuerpo espiritual. El cuerpo físico o “Hui Dil Lil” es temporal y está formado de materia, en constante transformación y movimiento. Se encuentra en lo que llamamos la “Tercera Dimensión”. La materia está organizada y animada por el Espíritu, para dar lugar a la vida, donde puede tener experiencias con la forma y comprender la creación. Se desorganiza con la muerte, volviendo a su estado original. El cuerpo astral o “Pig – Zan”, donde está la mente, es temporal, desaparece después de la muerte y se encuentra en una dimensión superior a la física. Allí se archivan las creencias adquiridas en la vida presente, lo que llamamos Ego, u “Ol”, como lo llamaron los mayas, lo que define a la personalidad del individuo.

En la mente se producen los procesos mentales, una forma de energía en vibración a distinta frecuencia, producida por las emociones, sentimientos, pensamientos y eventos de la vida. En la mente archivamos la comprensión que resulta de convertir el conocimiento, en verdad comprobada por la experiencia de la vida. Es el objetivo de la encarnación del Espíritu en la materia. La mente de cada individuo vibra en una frecuencia media, que es el resultado de todas las vibraciones altas y bajas que experimenta en su vida, llamémoslo, el “ciclaje medio”.

Mientras más vibraciones bajas y densas como el miedo, el odio, el desprecio y el resentimiento, se experimenten en la vida, dimensionalmente hablando, su mente se encontrará en un nivel de vibración más bajo. Por el contrario, mientras más momentos de amor, alegría, risa y paz haya vivido y experimentado, este hombre vibrará más alto, o, si se quiere, tendrá más energía vital, lo cual posiciona a la mente, en una dimensión más alta. En cada reencarnación, este “ciclaje medio” va aumentando, a medida que el individuo se va volviendo más flexible, fluye más por la vida, comprende mejor el Universo y maneja niveles interiores más altos de energía y de paz. Cuando el ser humano está en un estado permanente de vibración en amor, es decir, con total paz interior, su conciencia se alinea con nuevas realidades y percepciones que corresponden a vibraciones más altas. Hay procesos temporales que se realizan en la Quinta Dimensión; allí, la mente se encuentra en los sueños, un estado no físico donde todo puede suceder.

Los eventos experimentados en la vida por cada “ego”, producen unos resultados que dependen de cómo haya decidido vivirlos un individuo. Mientras más pequeño el “ego”, más flexible será su sistema de creencia y más adelantado estará en el camino de evolución. Al comprender mejor todo el proceso, más perfecto y ordenado le parecerá el Universo, y respetará más a los demás seres del Planeta. Al vibrar su conciencia en una frecuencia más alta, amplía sus rangos de percepción, activando sentidos y facultades latentes. Procesa mayores cantidades de energía, siendo su vida interior, un Cielo lleno de armonía y satisfacción. La comprensión se almacena temporalmente en el Cuerpo Mental, y, al morir, ésta se traslada como “verdades” a la conciencia permanente del hombre, la cual se encuentra en el Tercer Cuerpo o “In – Han”. El Cuerpo Espiritual o “In – Han”, que es permanente o eterno, se encuentra en dimensiones más arriba que el Cuerpo Astral; mientras más alto el nivel de evolución, más arriba dimensionalmente estará. Allí, se almacenan de manera permanente, eterna e individual; en el momento de la muerte, la experiencia comprendida en cada vida, y es la que determina lo que se necesita vivir en las encarnaciones futuras.

El “In – Han” o Espíritu, define el destino, así como las dificultades que vivirá al encarnarse como hombre en su siguiente vida. Sus resultados producirán la comprensión necesaria para evolucionar hacia dimensiones superiores. Esto explica por qué para los mayas, la vida es parte de un proceso eterno de evolución en conciencia y por qué es necesaria la reencarnación del Espíritu en vidas sucesivas, en cualesquier de los miles de millones de Sistemas Solares que existen. Cada individuo puede subir un peldaño, al nivel inmediatamente superior, como resultado de su esfuerzo voluntario, en la búsqueda de la paz y la armonía. Para los mayas, una de las cosas más importantes en la vida es mantener y elevar el nivel de energía vital interna, pues su disminución hace perder la paz interior, y lleva a estados de depresión y sufrimiento.

Ellos creían que respetando la Naturaleza, y teniendo conciencia permanente de los ciclos que ésta genera, y aprendiendo a respirar adecuadamente, se logran niveles cada vez mayores de energía vital. Al encontrar ese estado de paz interior, la energía acumulada pone en funcionamiento, programas inactivos en el Código Genético que producen los cambios físicos necesarios para comunicarse con el pensamiento. En la mente, se genera un campo de energía sagrada que activa las glándulas pituitaria y pineal. Estas glándulas secretan unas enzimas que activan “codones” inutilizados en el Código Genético. Al activarse los “codones”, nuevas cadenas de aminoácidos se producen en el interior del cuerpo, generando un supersistema inmunológico que elimina las enfermedades, la vibración baja del miedo y aumenta la duración de la vida.

Simultáneamente, estas nuevas proteínas generan niveles más altos de energía vital en el interior del organismo, consolidando la aparición del Sexto Sentido, la capacidad de leer y transmitir el pensamiento. Es muy lógico que la evolución no permita que individuos embargados por el odio y el desprecio hacia los demás, accedan a poderes paranormales como la “telekinesis” o la posibilidad de leer el pensamiento, es decir, la vibración en amor, es la puerta para la aparición del “superhombre”. Dios, en su sabiduría, hace que el siguiente peldaño evolutivo, según los mayas, a vivirse después del 22 de diciembre del año 2012, esté basado en el amor, la paz y la armonía. El Universo tiene todo el tiempo, no tiene ninguna prisa ni afán; mientras tanto, el hombre, deberá continuar en sus procesos de reencarnaciones sucesivas, hasta encarnar en una vida en la que pueda encontrar la paz interior, y poder así, subir al siguiente peldaño evolutivo.

La cita bíblica: “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”, confirma que no todos los hombres llegan simultánea y automáticamente, a niveles altos de energía interna. Para ello, se requiere un esfuerzo personal y voluntad en la búsqueda de la paz interior. Cuando se aumenta la frecuencia de vibración durante la vida, se logra nacer en la siguiente reencarnación, por el nivel de correspondencia, en una sociedad más evolucionada. En otras palabras, si el hombre no tiene paz interna, le corresponde vivir en una sociedad que no la tenga, hasta que, por esfuerzo individual, aumente su nivel de vibración y se haga correspondiente de otras circunstancias. El Universo es fundamentalmente, energía e información que vibra en diferentes frecuencias y fluye organizada en matrices, a diferentes niveles. La mayor parte de la materia de la Tercera Dimensión está formada por agua; el 85% de nuestro Planeta está constituido por agua. A su vez, el ser humano es básicamente agua; nace dentro de una bolsa de agua, y, mientras se mantiene dentro del líquido amniótico dentro de la placenta, vale decir, antes de nacer, el 95% de su organismo es agua. A través del agua se mueve la energía por todos los fluidos del cuerpo.

Las emociones y los sentimientos son energía, vale decir, vibraciones a distintas frecuencias, que se mueven en matrices interconectadas, a diferentes niveles. La palabra es una forma de energía, una fuerza vibratoria; podemos emitir diferentes tipos de energía, a través de la palabra. El amor es una forma de energía en una frecuencia alta. Cuando nos sintonizamos con esta energía del amor, es decir, cuando resonamos con ella, estamos en paz interior y armonía. Si el “dial” de nuestra sintonía del amor, se halla localizado en una frecuencia baja, en una emisora de odio o de miedo, eso es lo que se percibe. La conciencia del ser humano define la realidad, por la energía que percibe en sus sentidos. A su vez, las percepciones de los sentidos, repetidas a increíble velocidad en el tiempo, es lo que produce la conciencia. La materia es una ilusión que se produce en nuestra mente, como resultado de miles de percepciones que conjugamos, para armar la realidad como un sólido continuo, cuando lo cierto es que todo es energía. Pulsos vibrando a diferentes frecuencias, cristalizan la luz en diferentes formas. La materia es luz que se ha densificado en una forma y en un rango de vibración, que reconoce nuestros limitados sentidos. Todo lo que existe es luz, pues la oscuridad sólo se produce, cuando luz densificada en forma de materia, se interpone entre el órgano sensor y la fuente de luz, tal como el día y la noche, aunque el Sol, como tal, nunca se apaga. Si el rango de percepción de los sentidos aumenta, o si aparece un nuevo sentido en el hombre, su conciencia se amplía, cambiando totalmente la realidad.

Según los mayas, a partir del año 1999, la humanidad del Planeta Tierra tiene 13 años para darse cuenta que la realidad está más allá de los sentidos. De hecho, estamos viviendo una oportunidad única en 26.000 años, recibiendo una energía especial que nos llega desde el centro de la Galaxia. Si comprendemos el proceso evolutivo eterno de la conciencia, podremos aprovechar esta oportunidad, y, así, quitarnos los límites autoimpuestos. Si decidimos abrir la mente y encontrar nuestra paz interior, seremos parte de los “elegidos” para transformar nuestra realidad, en un Universo de paz y de armonía.

Los mayas nos dejaron una enseñanza llamada por los Custodios de la Tradición Oral, “El Espejo de Obsidiana”. Esta tradición nos dice que, con el objeto de hacernos evolucionar interiormente, veremos una serie de actitudes en los demás, para aprender a curarlas en nosotros. Cada ser humano se encuentra en la presencia de una multitud de espejos de sí mismo, representados en todos los otros seres humanos con los que convive diariamente. Están ahí para mostrar facetas que creemos que no existen fuera de nosotros; en niveles bajos de conciencia, se pueden no reconocer ni aceptar la existencia de otros seres humanos como “espejos”, pero si cada uno de los hombres tiene la sabiduría para aceptarlo, entonces, se acelerará la evolución de la conciencia y el entendimiento. El “Espejo de Obsidiana” maya tiene dos caras; en una de ellas, refleja, quiénes somos en esta reencarnación y lo que estamos aprendiendo.

Si sólo vemos deshonestidad y rabia en los individuos que viven a nuestro alrededor, entonces, ellos sólo estarán mostrando la propia deshonestidad y la rabia que tenemos. Por el contrario, si vemos alguna cualidad en los demás, y la podemos reconocer, es porque la tenemos en nuestro interior, así no seamos conscientes de ella. Por el otro lado, el “Espejo” nos muestra lo que buscamos en este momento de la vida, lo que nos produce emociones negativas como la envidia, el egoísmo, el odio. Este “Espejo” es fundamental para la evolución de la conciencia, pues los sentimientos y las emociones que lo acompañan al hombre, aumentan o disminuyen la energía interior, permitiendo o negando el acceso a otros sentidos y/o poderes.

Para los mayas, existen 9 dimensiones inferiores a la que habitamos, un mundo donde existen vibraciones, formas de energía y conciencias más densas; lo llamaban “Xi Bal Ba”. Allí donde reina “Bolojtikú”, el jaguar. Las almas se transforman y purifican para salir glorificadas y puras, de nuevo, a la luz del día. En esas dimensiones se encuentran las raíces de todo lo que existe; uno de los sitios que muestra lo que significa para los mayas el inframundo, son las Grutas de “Lol Tun”. “Lol Tun” significa “flor de piedra”, la vida y la “flor de la vida”, la “flor en piedra”. Son una serie gigantesca de grutas formadas hace 64 Millones de años, las cuales han sido utilizadas desde hace 3000 años.

A la entrada del complejo subterráneo, observamos el simbolismo extraordinario de un sacerdote maya, que en su mano izquierda, sostiene una bolsa, que representa la “bolsa de la sabiduría”, mientras que, en su mano derecha, tiene un “báculo” que representa el poder de la sabiduría. En lengua maya, gruta se dice “Altún Ha”, y significa: “volver a entrar en la matriz de la Madre – Tierra”. Es el Primer Nivel del Mundo Maya, donde están las raíces, las que van a alimentar al “Árbol de la Vida”; sin raíces, no hay vida. Allí, se recibe la bendición de la Madre Naturaleza, a través del “Agua Sagrada”.

Los mayas descendían a los “mundos internos” del Planeta Tierra, dotados de formaciones maravillosas en piedra rosada, para comunicarse con las “fuerzas elementales” que permiten y cooperan con la medicina sagrada. Bajaban a ofrecer maíz, tabaco y miel a los “pequeños seres guardianes” de las cavernas, los “alushes”, las ondinas y los silfos, protegiendo las esencias de la vida. Según los mayas, cada uno de estos seres o conciencias tienen como función, la protección y armonización de uno de los elementos de la Naturaleza.

Los gnomos o alushes como los llamaban ellos, protegen los enormes cristales que, en el interior de las montañas, procesan la energía de todo el Planeta. Estos gnomos manejan el “rayo verde” de la Madre Tierra, el rayo energético de la sanación, el “rashka puljá”. Por su parte, las salamandras son las encargadas del fuego, las cuales, tienen la fuerza del Padre en el “rayo rojo”, el gran “Nima Ka Kuljá”. A su vez, las ondinas o elementales, que con su canto protegen las aguas, utilizan el sutil “rayo azul” que atraviesa todo; a este rayo, los mayas lo llamaban “Chipka Kuljá”. Finalmente, los “bailarines del aire”, los silfos, manejan el poderoso “rayo blanco” de la manifestación, el “Hur Ra Kan”.

Agradecían así, la creación del hombre maya, mezclando el maíz amarillo, que da la materia de la vida, con la sangre de la serpiente cascabel, que da la energía para la vida. Las ofrendas se colocaban en puntos estratégicos como ante la Gran Cabeza del Guardián de la Gruta, donde se abren las puertas a otros “mundos dimensionales”, mediante la energía que generan y acumulan, o mediante la representación mítica de los ojos de una luz, en las paredes de las cuevas donde hace 3000 años, se daban las ceremonias iniciáticas.

Así, a través del corazón de la Madre Naturaleza, el hombre maya podía entrar en sus propios mundos internos, en lo más profundo de su conciencia y, desde allí, encontrar una salida. Esa misma función, cumplían los “laberintos”, que se encuentran en distintos sitios de la Península de Yucatán. Komenosh kintoc, la ciudad donde arden los Tres Soles y en la Fortaleza de Bekan , construían laberintos para que el “iniciado maya” aprenda a atravesar la vida sin expectativas, y al fluir construyendo su templanza, encuentre una salida de la oscuridad. Según ellos, al iniciar el recorrido por el laberinto, se salía desde el miedo, almacenado en el Chakra Raíz, hacia la luz del Plexo Solar. Los socavones, llenos del aletear y el olor al guano de los murciélagos, donde grandes cucarachas se deslizan por sus paredes, generaban todo tipo de procesos sicológicos que llevaban al “iniciado”, a enfrentar los miedos más profundos. Un viento gélido recordaba al “iniciado” la presencia de la muerte, la posibilidad de encontrar el “aguijón venenoso” acechante de un alacrán a cada paso, o el caer en un pozo sin fondo.

Enormes cámaras muy angostas y altísimas, se interconectan horizontalmente y, a diferentes niveles, verticalmente, en absoluta oscuridad. En un silencio muy característico, se desliza el sonido frío del viento, donde es perfectamente audible, el latir acelerado del corazón. La sensación es sobrecogedora; allí se baja a terminar con los miedos, para permitir el crecimiento interior, en una liberación de amor y de confianza en el Universo. La primera prueba iniciática forzaba al hombre maya, a encontrar la salida de su propio laberinto. Sólo se vence el miedo en lo profundo de la mente, al realizar que lo producimos nosotros mismos, como resultado de compararnos en el tiempo, como un momento imaginario en el futuro, donde algo horrible nos sucede. La salida del laberinto, sólo se encuentra manteniéndose en el tiempo presente, en el “centro del hoyo”, donde nada nos sucede, iluminando el camino desde nuestro propio Sol Interior, en el momento del triunfo. Al encontrar la salida al exterior y, con ella, la luz del Sol, el “iniciado” se conectaba con el Tercer Sol, el Sol de Lamat en Las Pléyades, y con HUNAB KU, en el Centro del Universo. Por eso, Oshkintok se llama la ciudad donde arden los Tres Soles, pues sólo se pueden alinear venciendo al miedo.

Cuenta la tradición oral que una anciana maya pedía con fervor a las “esencias” y a HUNAB KU, todos los días y a la misma hora, que le diera la felicidad en la forma de un hijo, con quien compartir los Kines que le quedaban por vivir. Un día, al abrir los ojos después de orar, vio un enorme huevo encima de su cama. De él, salió un enano, con quien pudo compartir la alegría que sintió en ese momento y en adelante, por el resto de su vida. La anciana preparaba las tortillas de maíz, en una gran piedra, junto al fuego, y no permitía que el enano se acercara. De hecho, tenía que abrir el fogón debajo de la piedra.

Un día, fue tal la curiosidad del enano por averiguar lo que guardaba su madre debajo de la piedra, que lo llevó a perforar el cántaro de agua que ella llenaba en el cenote (pozo o noria), con el fin de demorarla en su camino de regreso a casa. Aprovechando la demora, corrió la piedra y encontró bajo el fogón, un “símbalo de oro”. Al tocarlo, un enorme estruendo se oyó por toda la tierra del Mayab, llegando a los oídos de todo el pueblo y del Rey. El pueblo, sorprendido, recordó una leyenda que decía que, quien tocara el “símbalo de oro”, al pasar tres pruebas, se convertiría en el nuevo Rey del Mayab. La anciana, al oír el sonido del símbalo, corrió espantada a su casa, donde encuentra a su hijo asustado, por lo que acababa de hacer, pidiéndole perdón.

Según esta leyenda, ambos acuden al Palacio del Rey, quien ha enviado a su Ejército en busca del intruso que ha osado tocar el “símbalo de oro”. Los soldados llevan al enano y a su anciana madre ante el Rey, quienes advierten que el enano tendrá que decir, cuántos frutos tiene un árbol de ceiba, que se encuentra en el centro del Palacio, o, en su defecto, morir. Esta era la primera prueba y, el enano, parado frente al árbol, con el pueblo y el Rey, a su alrededor, escuchó a un murciélago que pasó velozmente junto a su oído, que le decía: son 144.000 frutos; repite el número y, sorprendido escucha a los sirvientes decirle al Rey, que había acertado y que debía presentarse a la mañana siguiente, para someterse a la segunda prueba.

Al salir el Sol, frente al Palacio, el Rey le dice al enano, que debe escoger un material para realizar una estatua, que se pondría frente a la suya, en un enorme fuego. El Rey ordena a su séquito, realizar su propia estatua en oro puro. El enano decide hacer su figura en el barro rojo de la piedra del Mayab y, alrededor de las dos estatuas, se prende un enorme fuego que arde por horas. Al caer la tarde y apagarse el fuego, se encuentra la estatua del Rey, derretida junto a la figura del enano, erguida al “rojo vivo”. El Rey, sin dudar su desconsuelo, ordena la Tercera Prueba para la mañana siguiente. Contra la cabeza del enano deberán romperse 40 cocos y, si a esta prueba, el enano sobrevivía, entonces, le tocaría el turno a él, de resistir la misma prueba.

Al día siguiente, el enano resistió en su cabeza la rotura de los cocos; sin embargo, el Rey muere con el primer intento. Entonces, la anciana y el enano le anuncian al pueblo que, durante 3 días, una intensa niebla cubriría el Mayab, al final de los cuales, se materializaría un regalo de los dioses para todo el pueblo. A los tres días, entre los árboles cubiertos por la niebla, aparece una ciudad blanca de paredes labradas, con hermosos palacios, pirámides y patios. Uxmal, ciudad regalo de los dioses, orgullo de los mayas, la cual, se la ha estado viendo, a lo largo de esta historia.

En estos Siete Capítulos se ha visto la Cosmovisión Maya y la evolución del Universo, así como los mensajes de alerta y de esperanza que, contenidos en Siete Profecías, los mayas dejaron para todos los habitantes de la Tierra, particularmente, para esta época.

FIN DE LA SÉPTIMA PROFECÍA

- Serie Televisiva de Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”; Año 1999

- GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún - fmalkun@mac.com

- La siguiente Página Web de Fernando Malkún, ofrece para la venta los Siete DVD’s correspondientes a las Siete Profecías Mayas: www.fernandomalkun.com

- Difusión Autorizada por: Fernando Malkún – Bogotá / Colombia

- TRANSCRIPCIÓN - EDICIÓN DE SIETE PROGRAMAS TELEVISIVOS EFECTUADA POR:

Jebner Zambrana Román jebzam@entelnet.bo

Grupo “AMATISTA” del Maestro Saint Germain
La Paz – Bolivia

NOTA: El transcriptor-editor no se hace responsable de los comentarios u opiniones personales contenidas en este texto. Cualquier crítica, reclamo u observación relacionada con el contenido de la presente Séptima Profecía Maya, debe dirigirla a Fernando Malkún, Director y Guionista de la Serie Televisiva “PROFECÍAS MAYAS”.

Para un mejor entendimiento de los tiempos y los anuncios hechos encada una de las Siete Profecías Mayas, el amable lector deberá conocer que esta Serie compuesta por Siete Episodios (Siete Profecías), fue elaborada el año 1999. De esa forma, uno estará –cronológicamente- mejor ubicado en coordenadas de tiempo y espacio.

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